Yo no pertenezco a tu cisterna de vida, a tu burbuja de tiempo.
Veo tu vida y tu entorno, lo observo como normalmente observo una pintura u obra de arte, de esas obras instantáneas y espaciales.
El entorno de tu vida me parece languido, muy ruidoso, pero languido.
Muy cuidado a como "tiene que ser" dirían tus padres, una vida muy sana para mí que prefiero el lodo y el pasto que no te dicen como y en donde sentarte.
Presiento que te envidio, si pero no.
Te envidio por ratitos, cuando hace mucho calor y te veo pasar en una camioneta lujosa o un carro del año con aire acondicionado, Cuando te veo con tus amigos siempre bien limpios y también cuando te veo con tus amigos los siempre bien sucios, que se ensucian para sentirse cool, cuando tomas fotografías mal hechas en tu cámara, en esa que me hubiese gustado tener.
Te envidio cuando me das la mano y me saludas de beso, cuando vez en mi lo que otros no han visto, por que yo en ti no eh visto muchas cosas, de esas cosas que los otros no ven y uno debería de ver.
Pero dejo mi metamorfosis a roca cuando hablo contigo, usas el mismo lenguaje que yo, te tumbas en el pasto igual que yo, me avientas el agua como yo y mis amigos la aventariamos.
Te da miedo la oscuridad igual que a mí, tienes comentarios inteligentes y te dan ataques de simpleza simultaneamente, que uno nunca sabe cuando vas en serio, igual que a mí.
También te gusta lo ilegal y lo inmoral y para estas cosas ni en tu clase ni en la mía están de acuerdo.
Pero la muerte nos llegará a su tiempo, llegará impetuosa, inmoral y sin avisos, y ni tu carro lujoso podra enfríarla, ni mi lodo podrá embarrarla, tu cámara no captará su imagen y mis amigos no podrán frenarla.
Nos llegará a tiempos iguales o diferentes, ya segun la suerte, pero será la misma.
Será nuestra muerte.
Nuestro paso fugaz por la tierra quedará en silencio, el cuerpo se dejará y tu alma irá a tu dios y mi alma irá a mi dios.
Pero alfinal nos volveremos a encontrar y te contaré que mi Dios era más dios que el tuyo, que no tuve que rendirle cuentas del otro lado de la puerta para entrar a su reino, te diré que encambio me perdí en una inmensidad incomprendible, indescriptible, que las palabras no se necesitaban eran absurdas y que el silencio era el lenguaje más escuchado.
Y entonces tu mirada se perderá en la mía, y me dirás claramente: Tu silencio lo llevo en mi piel.