DESCONOCIDO 
Hablar con un desconocido como si fuera un viejo amigo
Es como hablar con una parte desconocida de tu persona.
Es como hablar con el tu que no te reconoce.
Y conocerte un poco más.
Y hacer amistad contigo misma.
Nina Saucedo

Hablar con un desconocido como si fuera un viejo amigo
Es como hablar con una parte desconocida de tu persona.
Es como hablar con el tu que no te reconoce.
Y conocerte un poco más.
Y hacer amistad contigo misma.
Nina Saucedo
Como si realmente tuviera tanta suerte de ser la escritora que esperas, quizá tu no eres mi lector correcto, pero me dispongo desde el otro lado de la pantalla a picotear el teclado, darte palabras para tu consumo y con sumo esfuerzo voy soltando los dedos:
Conforme voy soltando los golpecitos en el teclado, me voy alejando de mi propósito al iniciar la redacción, ahora empiezo a pensar en ella, creo que es una falla técnica o de nacimiento de mi persona, siempre divagando en los momentos menos oportunos.
Yo siempre tan imprudente, me lo has dicho mil veces.
Pero qué importa la prudencia si por ella eh perdido oportunidades de conseguir lo que deseo, prefiero que mi suerte sea imprudente, pero imprudentemente buena.
Yo siempre tan imprudente, me lo has dicho mil veces.
Pero qué importa la prudencia si por ella eh perdido oportunidades de conseguir lo que deseo, prefiero que mi suerte sea imprudente, pero imprudentemente buena.
Ay! de mí si pudieras soñar lo que sueño, porque te sueño.
Hoy te vi hermosa, te vi con esa belleza que habías perdido por aquellos eventos trágicos que marcan nuestras vidas, la muerte en vida y peor aun ni siquiera la tuya.
Te lo había dicho antes: "Te vez muchísimo más joven de lo que eres".
Pero durante aquella semana toda tu vida se apagó, empezó a marchitar, gracias a dios cambiaste la planta de maceta.
Tu edad se veía en cada peca de tu cara, en cada arruga, presiento que detestas tus pecas.
Tu edad te pesaba, la vida se te venía encima y no sabía como calmar la tormenta, tu tormenta.
Tu edad se veía en cada peca de tu cara, en cada arruga, presiento que detestas tus pecas.
Tu edad te pesaba, la vida se te venía encima y no sabía como calmar la tormenta, tu tormenta.
Te veía llegar y tus ojos delataban el duelo, ya no eras la hermosísima que conocí, eras otra diferente y no de una manera positiva, todo en ti era gris : las platicas, las comidas, los cafés, tu sola presencia.
Pero no me iba, no me atrevía a dejarte sola aunque no dijéramos nada bueno, porque mi imprudencia me lo impide: no me alejaría hasta verte sonreír.
Tu buscabas un cambio, aquí y allá, en factores externos. Pero tu necesidad era interna, no me atrevía a contra decirte, a decirte lo que realmente pensaba porque podría ser demaciado dura mi manera de expresarlo y en esos momentos tu persona se encontraba frágil, sí frágil, tu misma lo decías.
Pero no me iba, no me atrevía a dejarte sola aunque no dijéramos nada bueno, porque mi imprudencia me lo impide: no me alejaría hasta verte sonreír.
Tu buscabas un cambio, aquí y allá, en factores externos. Pero tu necesidad era interna, no me atrevía a contra decirte, a decirte lo que realmente pensaba porque podría ser demaciado dura mi manera de expresarlo y en esos momentos tu persona se encontraba frágil, sí frágil, tu misma lo decías.
Pero hoy te ví hermosísima y de nuevo como una desconocida, otra vez ya eras otra. Y me gustó tu nueva tú.
El yo que hay en ti y la tú que hay en mí. Porque parece que los cuerpos nos limitan, pero hay un más allá del alma humana en esta misma Tierra, sin ir más lejos, un estado en el que la mente posee todos los cuerpos, todos los rostros, cada uno de los gestos, entonces, lo somos todo, porque hay mucho de ti en mí y de mí en ti y en cualquier otro. Incluso las rocas albergan el corazón de lo creado.
ResponderEliminar